MUJERES EN PANTALONES DE HOMBRES. Montañas de Albania.

En las montañas de Albania persiste hoy en día una tradición medieval, mujeres que viven, visten y actúan como hombres. Renuncian al matrimonio, a las relaciones sexuales y a cualquier actividad propia de las mujeres albanesas. Son las Burnesha o Virgenes Juramentadas.

A día de hoy aún quedan algunas de estas mujeres en remotas aldeas del norte del país.

La vida en estas aldeas de montañas es dura, la subsistencia depende de una organización jerárquica que define roles y tareas, y el género coloca a las personas en un camino, en una posición y en definitiva en un destino.

Esta organización social se sustenta en los 1626 artículos del Kanun (Del griego: Canon), un código que regula y normaliza la vida de las gentes de las montañas. El origen de este código se remonta a un pasado remoto donde tradición y mito se unen y confunden.

Sin embargo, a pesar de su longevidad el Kanun pervive en nuestros días con la intensidad de un bebe recién nacido.

El Kanun rige la vida en las montañas al norte de Albania: lindes, matrimonio, pastos, riegos, economía, el honor e incluso la venganza y su derivada, la muerte. Es este uno de los capítulos más duros y estrictos de este código montañés.

Este código también define lo te corresponde hacer en función de tu género: cazar, cortar un árbol,  limpiar la casa, labrar, cocinar etc… son acciones que puedes o no hacer en función de si eres hombre o mujer.

El Kanun institucionaliza la figura de las Burnesha (Vírgenes Juramentadas); algo tan actual en nuestra sociedad como es la elección  de genero se recoge de forma clara como una opción posible y necesaria en este código ancestral.

La conversión social de mujer a hombre pasa por un rito perfectamente pautado en el que la burnesha juramenta, ante los ancianos del pueblo, el cumplimiento de las normas y la aceptación de su nuevo  estatus  de hombre de por vida, sin posibilidad alguna de vuelta atrás.

Para entender esta particularidad etnológica, que se repite en otros lugares del mundo, hay que entender el contexto socio-geográfico de las montañas albanesas. Se trata de un territorio remoto, donde aún hoy en día hay pueblos que permanecen en total aislamiento durante el invierno, donde la vida depende de las cosechas y las cosechas dependen del trabajo duro de bestias y hombres, además de otros factores más azarosos como el sol y la lluvia.

Un entorno donde criar a un niño nunca puede ser una tarea a tiempo completo porque las tareas se acumulan y siempre son demasiadas; nunca sobran manos y siempre faltan horas de luz para completar el trabajo.

En este contexto aparecen las Burneshas o Vírgenes Juramentadas. Son múltiples las razones por las que una mujer renuncia a vivir como tal en este entorno rural y comienza una vida de hombre, con todos sus derechos, obligaciones y con el beneplácito y reconocimiento de toda la comunidad. Al fin y al cabo, es una opción contemplada en el Kanun y el Kanun es ley, es norma y es tradición.

La razón más habitual por la que una mujer da este paso es suplir la falta de hombres en la familia, de este modo tendrá derecho a ejecutar algunas tareas, prohibidas a las mujeres, básicas para la supervivencia  como cazar o cortar un árbol. Una mujer viuda y sin hijos estaba prácticamente condenada a convertir a una de sus hijas en Virgen Jurada para garantizar la subsistencia familiar.

-No me preguntes por eso, no sé nada al respecto- dice Bedri Gosteroni cuando le preguntan por relaciones sexuales. Bedri tiene 63 años y conduce un taxi. Se convirtió burnesha para hacerse cargo de su cuñada y tres sobrinos tras la muerte de su hermano, desde entonces ha actuado como un padre para la familia. Cuando se le pregunta por cómo ha sido su vida zanja la conversación de manera seca:
-Una vez tuve que escoger un camino y ese el que sigo hoy en día. El camino de un hombre verdadero-

Algunas mujeres deciden adoptar esta figura para evitar un matrimonio pactado esquivando así la terrible pena que el Kanun impondría a la familia que rompe este acuerdo matrimonial.

Otras Burnesha sencillamente deciden seguir su propio camino y escogen esta opción con el fin de disponer de una libertad de la que el resto de mujeres no disfruta.

-Me llamo Luma Bra y tengo 42 años, tras ocho años de escuela a duras penas sabia escribir mi nombre. Me gusta mi vida, mi vida como hombre, soy independiente, puedo trabajar y mantenerme por mi mismo. Aquí las mujeres tienen una vida muy dura.

Luma viste ropa de camuflaje de cazador, se sienta con las piernas abiertas sobre un tronco y con un ronco timbre de voz nos narra su vida como burnesha.

La vida de las burneshas bascula entre la total aceptación de su nueva condición masculina para algunas y la dura resignación ante su inevitable realidad  en otros casos.

Prend Pepjoni se convirtió en burnesha tras la sucesiva muerte de sus tres hermanos, esta mujer enjuta sacó adelante a toda su familia y ha sido la cabeza de familia durante más de 50 años. Mientras sostiene una guadaña en la mano Prend nos explica sus sensaciones después de una vida como burnesha:

-Todo lo que he pasado ha sido en favor de mis parientes. He sufrido en nombre de Dios, pero mis familiares no tienen remordimiento alguno; que Dios tenga misericordia por aquellos que han vivido a costa de mi sufrimiento. –

Ha trabajado codo a codo con los hombres del pueblo, bebido raki en la taberna, cultivado la tierra y cazado. Nunca cocinó, jamás limpió la casa ni hizo una cama. Siempre se cortó el pelo en la barbería, sin dejarlo crecer más allá de lo que la tradición manda.

Sin embargo, ya cumplidos los 60, este pequeño hombre de piel tersa comenzó a dejar crecer su pelo, dos pequeñas trenzas se deslizan sobres sus hombros fundiéndose en un nudo que las une a la altura de la espalda.

Tal vez sea este el ultimo rasgo de feminidad que se ha permitido desde aquel juramento frente a los ancianos de su pueblo hace ya más de medio siglo, la única forma de protesta y reivindicación que esta mujer se permite tras una vida entera viviendo en un lado del mundo que no le correspondía.

Definitivamente en las montañas de Albania  «el hábito hace al monje»,  y unos pantalones hacen al hombre independientemente de su sexo al nacer.  Cuando una mujer de las montañas decide vestir como un hombre de por vida, repentinamente es capaz de manejar las cuentas, o hacer oír su voz no solo en el seno de su familia sino también en su comunidad. Podrá llevar un arma y no ofenderá a nadie por fumar o beber.

Ella es la misma mujer que ayer vestía falda, sencillamente vive en los pantalones de un hombre.

 

Más información sobre las Burneshas:

Libro: «Burneshas of Albania» de Jill Peters, fotógrafa y autora de las fotos publicadas

Película: «Vergine giurata» (2015), de Laura Bispuri

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